El pasado 11 de marzo, el mayor terremoto registrado en la historia de Japón fue seguido por un tsunami y a partir de allí, una cadena de incidentes en plantas nucleares. El panorama parece que no puede ser peor. Se dieron todas las malas juntas, en un país aparentemente preparado para todo.
Uno de los sectores más afectados de la economía nipona es el de la industria turística. Desde la distancia vimos como miles y miles de pasajeros se apiñaron en aeropuertos para salir de Japón. La zona devastada está delimitada a una región del nordeste, sin embargo las réplicas se suceden y los que estaban de paseo por allí sólo querían salir del país.
Ya sabemos cómo funciona: sucede algo, nace el miedo, se cancelan servicios y luego, es muy difícil volver a ganar esa confianza para volver a echar a andar la maquinaria. Mucho más, si la tierra tiembla fuertemente constantemente, si hay recortes de energía, si hay una planta nuclear en emergencia a 100 o 200 kilómetros de la capital (¿qué son 200 km? Nada).
Escribo el título y ya comenzaría a corregirlo. “Nuevas tecnologías aplicadas a servicios turísticos” sólo en parte. La tecnología ya está implantada en la vida de la mayoría del mundo desarrollado. Es lógico que los destinos y servicios turísticos estén a la altura del desarrollo tecnológico que su industria permite y que sus usuarios tienen, usan y reclaman.
Pero no todo es así.
Hace unos días tuve la posibilidad de participar de un “DemoLab” sobre algunas de las posibilidad tecnológicas ciertas y actuales que están a disposición de empresas e instituciones del sector turístico.
Desde el pasado mes de septiembre, el tango es Patrimonio de la Humanidad. Se le ha considerado un valor cultural inmaterial que identifica una sociedad, que trasciende fronteras.
El tango es, además, un atractivo de enorme poder que recién en los últimos años se ha comenzado a explotar en forma más coordinada a nivel global por los organismos y empresas turísticas argentinas, principalmente.
Sin embargo, desde décadas atrás Buenos Aires recibía la visita de ciudadanos de todos los rincones del mundo que de forma espontánea, desorganizada y poco informada, se llegaban hasta la capital argentina movidos por la pasión de una música que es mucho más que éso.
Y se los veía llegar con ojos de asombro a las milongas de barrio, donde hoy ya no son “bichos raros”.
Esta semana hemos comenzado con una gratísima sorpresa: nuestro blog aparece recomendado en la edición 61 de Turispod.
El ya tradicional encuentro virtual con la gente de Turispod está protagonizado en esta oportunidad por Jordi Ruiz (@jordi_ruizr),Jimmy Pons@jimmypons y Joantxo Llantada (@joantxo).
Agradecemos mucho los saludos y la recomendación. Y también la siempre productiva y esclarecedora charla, en la cual cada semana nos “colamos” quienes seguimos esta iniciativa “evangelizadora”.
He estado siguiendo a través de Twitter la realización de la tercer edición anual del World Savers Congress auspiciado por Condé Nast Traveler.
Se trata de un encuentro entre los popes de la industria turística y representantes de sectores concienciados con el cuidado del planeta para discutir cómo limitar el impacto medioambiental y mejorar la educación, salud, educación y economía de las comunidades que visitamos.
Entre los invitados a participar están: Edward Norton, Wyclef Jean, Mandy Moore, Blake Mycoskie, Ken Burns, Jeffrey Swartz (presidente de Timberland), Rachel Webber, Abby Joseph-Cohen, Greg Michel, Dina Powell, Raymond Bickson y varios más en una mezcla de empresarios, defensores del medio ambiente, hoteleros de mega cadenas, y artistas varios.
Pensé que terminarían todos abrazados sobre un escenario balanceándose al son de una balada inspiradora con camisetas ad hoc. Pero no.
Aquí dejo algunos de las conclusiones, propuestas, temas expuestos, ponencias, dudas y frases al azar que ha dejado este encuentro. Read the rest of this entry »
Un impresionante documental realizado por Manuel Mora Morales nos enfrenta a la cara más dura y cruel de la especulación urbanística con fines turísticos.
Lamentablemente las Islas Canarias son un claro ejemplo de lo que no debe permitirse, los extremos a los que se puede llegar cuando se pierde de vista el objeto principal: el hombre y su entorno.
Es emocionante escuchar la historia en boca de sus protagonistas, ese hombre que se crió frente al mar y que ha quedado encerrado, resistiendo en su humilde casa rodeado de hoteles y marinas artificiales.
Pensar en la Puna argentina es asomarse a una superficie ruda, enorme y tapizada de volcanes y salinas. Encerrada entre los brazos gigantes de los Andes, la Puna o Altiplano corre 2.000 kilómetros desde Perú, cruzando Bolivia y tocando Chile hasta la provincia argentina de Salta.
En un paisaje desolado, donde las cumbres se tutean con auténticos lagos de sal, se levanta un pequeño pueblo llamado Tolar Grande con una riquísima historia que nos lleva hasta tiempos pre-incaicos.
Desde allí sale mañana un grupo de montañeros (entre los que se cuenta el Director de Turismo de la localidad) que a lo largo de sucesivas etapas pretende hacer cumbre en los 7 volcanes sagrados de la Puna salteña.
Auténticos santuarios de alta montaña donde se ha guardado la memoria en antiguos cementerios incas, caminos y centros ceremoniales. El significado de estos volcanes ha sido heredado por la comunidad kolla que vive allí y se siente protectora del entorno.
En el futuro cercano, el mapa turístico internacional podría ver la desaparición de algunos de sus destinos más llamativos. Las causas pueden ser diversas, pero en todas está presente la acción del hombre.
El cambio climático y la sobreexplotación del turismo pueden dañar hasta la desaparición algunos de los atractivos que mueven millones de turistas del mundo entero.
Este post debería llamarse: “Las estelas de los aviones, proliferación de las mismas, aumento de tráfico aéreo y el futuro de la observación astronómica y el turismo”. Pero era muy largo, ¿verdad?
Todos hemos visto que en muchas oportunidades, el paso de un avión deja una estela blanca sobre el azul del cielo. Pero, ¿cómo se forma?
Los motores de un avión en movimiento expelen gases calientes. La temperatura del aire a las alturas normales de vuelo (unos -30 grados C a los 9.000 metros de altura aproximadamente) hace que esos gases se condensen instantáneamente. Las minúsculas partículas del combustible quemado que se encuentran en esos gases, actúan como base para la fijación de microgotas (disculpen la palabra poco técnica) o microcristales de hielo de la atmósfera. Si a éso le sumamos que el avión también expulsa vapor de agua, tenemos la base para la formación de una nube alargada o estela.