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Visit Cupertino: de monjes españoles, viñedos, ciruelos en flor y tecnologí­a

16 diciembre 2010 por Valeria en Destinos - 3 Comentarios

Cupertino… Como si fuera El Dorado del siglo XXI, el nombre de “Cupertino” despierta el interés, la ambición y los sueños de miles de amantes de la tecnologí­a.

“La empresa de Cupertino” es la frase mas usada para referirse a Apple, y en la mente de muchos la vida e historia de este determinado sitio, “en un lugar de California“, se reduce a una imaginaria puerta celestial (con la manzanita estampada) abriéndose a su paso.

Cupertino existe y tiene una historia bastante interesante de conocer, además. ¿Es un lugar para incluir en un viaje a California? Si no eres muy fanático de las tecnologí­as, ni estás llamado a integrarte a uno de esos grupos de trabajo tan cool, yo dirí­a que no.

Sin embargo, no descarto que sea la “home” o “starting point” de un circuito turí­stico especial en el cual no faltarí­an los AppleStores que van eslabonándose alrededor del mundo.

Veamos qué encontramos en Cupertino.


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En 1776 un explorador español, el capitán Juan Bautista de Anza, recorrí­a el territorio de la actual California buscando un buen lugar para establecer una prisión cerca de la bahí­a de San Francisco. Unos años mas tarde, en el actual Parque Golden Gate se fundarí­a el Presidio de San Francisco.

De Anza llegaba desde el sur, desde Monterey, y llevaba entre sus hombres a un cartógrafo: el franciscano Pedro Font, quien iba recogiendo las novedades del camino. El grupo llegó al valle de Santa Clara en marzo de 1776. Y Font anotó en sus apuntes la existencia de un arroyito al que llamó “Cupertino”, tal vez en recuerdo del santo que levitaba y patrono de los estudiantes. Vaya a saber uno por qué.

Los colonos fueron asentándose en los alrededores de las misiones católicas o en los cruces de los incipientes caminos. Cupertino nace sin nombre alrededor del cruce de dos rutas primitivas: la que iba de Saratoga a Sunnyvale y la que conducí­a al arroyo Stevens.

Unas pocas casas, alguna tienda y una oficina de correos. Lo suficiente para quien parara por allí­. Como únicas señales para ubicarse se mencionaba a las casas y tiendas del lado “este” o del lado “oeste” del cruce. Y poco mas.

El valle fue llenándose poco a poco de viñedos, que en 1873 sufren una grave plaga de phylloxera que destruye casi la totalidad de las viñas.

Para finales del 1800 la oficina de correos debí­a ser bautizada siguiendo las normas de una nueva ley federal, para diferenciarla de otras tantas “west side post office” desperdigadas por el territorio americano. Muy próximas estaban las tierras de un tal John T.Doyle a las que habí­a llamado “Cupertino” por estar cerca del arroyo bautizado por Pedro Font. Y el Sr.Doyle, “donó” su nombre para la oficina de correos, en un gesto mas de terrateniente que de noble ciudadano.

Enseguida la antigua tienda que abastecí­a de todo lo imaginable a la gente de la zona, se renombra como “The Cupertino Store”. Así­ nace en 1904 Cupertino, aunque seguí­a siendo poco mas que un cruce de caminos.

¿Recuerdan la phylloxera que habí­a destruido las viñas a finales del 1800? Esto llevó a los productores a plantar ciruelos franceses, avellanos, almendros… Y ya sabemos lo bonitos que se ponen cuando están en flor. ¿Entonces? Cupertino comenzó a recibir cada año la visita de los curiosos de San Francisco y su zona, que se acercaban a ver el espectáculo del valle en flor. Una incipiente “ruta del ciruelo”, o algo así­.

Con el tiempo llegó la electricidad, el tren, el asfalto, las gasolineras y los monótonos edificios amontonados siempre a lo largo del cruce de caminos. Hasta la década del 60 Cupertino sólo era el “centro urbano” más cercano de unos cuantos ranchos y viñedos , donde abastecerse de lo elemental.

Entonces, se abre aquí­ el De Anza College, una institución educativa privada ubicada en una antigua bodega y la vivienda de sus antiguos dueños, los Baldwin, se convirtió en el Centro de Historia de California. ¿Cómo se estableció aquí­ una institución que perseguí­a la excelencia? Pues atraí­da por el afán de protagonismo de sus incipientes millonarios y el dinero, claro está.

Unos años después llegarí­a a Cupertino otra nueva perla: Apple Computer se establece aquí­ en la década del 70 y sigue aún en el mismo lugar. Bueno, en la actualidad realmente ocupa una docena de edificios esparcidos a lo largo del De Anza Bulevard, no lejos de la Cupertino Middle School donde su co-fundador, Steve Jobs, fuera alumno.

Cupertino desde entonces se ha ido desarrollando alrededor de una industria atí­pica: en el “pueblo” pululan en zapatillas gurús, genios programadores y magnates del mundo informático. Se les puede ver acodados en la barra de una tienda pagando una lata de gaseosa con monedas, o tomando un café en una terracita al sol.

No todo es Apple en Cupertino, una localidad desperdigada de poco mas de 50.000 habitantes. Allí­ también han acampado Portal/Oracle (10.200 del Blvr.De Anza) y Hewlett Packard (19.333 Vallco Parkway), entre otras. La ciudad hoy es la sede y centro de investigación y desarrollo de empresas de alta tecnologí­a. En realidad aquí­ no se fabrica nada fí­sico, ni un sólo teclado, disco o pantalla sale de este lugar. Las empresas tecnológicas eligen Cupertino porque allí­ se concentra la inteligencia, las instalaciones para el desarrollo y el dinero.

Los empleados de las empresas encuentran un lugar ideal para vivir: las distancias al trabajo son cortas, el estilo de vida es relajado, hay educación de primer nivel y es un área natural con un moderado desarrollo urbaní­stico, frenado en parte por el alza del precio de la tierra.

Además, vivir y trabajar en Cupertino tiene un plus, ese halo de privilegio por el que algunos matarí­an, y otros simplemente, se acercan a observar.

Imágenes de Oskay, Roger Schultz

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3 Comentarios

  • Valeria

    Antonio: Pues igual le estamos dando la idea a alguien ;) Gracias por pasar por mi casa y dejar tu comentario.

    diciembre 16, 2010
  • Antonio

    Que título, que artículo y que desenlace.. genial jajaja.. Parece ser que más que ser una ruta atractiva de ciruelos hoy pasa a ser la ruta de cerebros. No estaría de más hacer un turismo histórico-industrial con la reseña histórica que lanza el artículo. Imaginarse cuantas personas con el coeficiente intelectual alto orientados hacia la tecnología desearían recorrer en sus vacaciones lugares como Cupertino : )

    diciembre 16, 2010
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    diciembre 16, 2010

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