La Bahía de San Francisco es un escenario donde se reunen cientos de culturas diferentes, un paisaje espectacular y una meteorología compleja. Allí, en diversas locaciones, fueron filmados estos time-lapses presentados aquí como un único y hermoso vídeo.
Esta famosa bahía es en realidad un enorme estuario, una cadena de ríos y bahías que recibe aproximadamente el 40% de las aguas fluviales del Estado de California. El archiconocido Puente Golden Gate cruza la boca de esta enorme bahía en el punto en que estas aguas del interior llegan al Pacífico.
Y aquí tenemos una de las razones para las imágenes que vemos. Este “Unseen Sea” del título. Ese mar de nubes que ya pasa desapercibido y que puede estar cubriendo por completo el Puente y los barrios del norte de la ciudad, mientras en los sectores que dan al mar brilla el sol.
Si planeas viajar a los países asiáticos, además de preocuparte por el costo del billete, te recomiedo que estudies bien en qué época viajar para evitar los monzones.
Si bien la temporada de intensas lluvias en el Sudeste asiático se ha convertido en un atractivo turístico más, si tus planes no incluyen vivir mojado hasta los huesos todo el día, toma nota de las mejores épocas para viajar:
Los habitantes de Catatumbo viven en el agua. Sobre el río. Bajo la lluvia. Iluminados por el relámpago eterno de Catatumbo.
El lago de Maracaibo, en Venezuela, recibe su mayor caudal de agua del río Catatumbo. Y no es de extrañar. El río atraviesa una zona donde suele llover una media de 4.000 mm al año (¡ 4 metros !).
La llegada del río al lago es el lugar donde se experimenta un fenómeno atmosférico único en su tipo: el relámpago de Catatumbo. Una sucesión de descargas eléctricas que iluminan el cielo sobre las cabezas de los pocos pobladores que viven en palafitos sobre el lago.
Se encuentran allí varios factores: los vientos que bajan de las estribaciones de los Andes, las brisas más cálidas sobre el lago y las emanaciones de metano de los manglares circundantes.
Tal vez los visitantes usuales de Las Vegas no se dieron cuenta, perdidas sus neuronas entre los números de las ruletas y máquinas tragamonedas. Pero Las Vegas amaneció cubierta de nieve.
Algo bastante desacostumbrado en esta ciudad brotada en pleno desierto, aunque haya nevado en otras ocasiones y tengan registros y estadísticas para ello. La primer nevada que tengan constancia en Sin City fue en 1937 y desde allí comenzaron a fijarse en este raro fenómeno.
La nevada del 17 de diciembre pasado fue la mayor para un mes de diciembre desde entonces. En esta oportunidad cayeron unos 10 centímetros de nieve que fueron suficientes para pintarle de blanco la melena al esperpéntico león del MGM Grand Hotel, cerrar las carreteras de acceso y entorpecer el funcionamiento del aeropuerto McCarran cuyo personal está más habituado a luchar con el calor abrasador que con las placas de hielo.
Este post debería llamarse: “Las estelas de los aviones, proliferación de las mismas, aumento de tráfico aéreo y el futuro de la observación astronómica y el turismo”. Pero era muy largo, ¿verdad?
Todos hemos visto que en muchas oportunidades, el paso de un avión deja una estela blanca sobre el azul del cielo. Pero, ¿cómo se forma?
Los motores de un avión en movimiento expelen gases calientes. La temperatura del aire a las alturas normales de vuelo (unos -30 grados C a los 9.000 metros de altura aproximadamente) hace que esos gases se condensen instantáneamente. Las minúsculas partículas del combustible quemado que se encuentran en esos gases, actúan como base para la fijación de microgotas (disculpen la palabra poco técnica) o microcristales de hielo de la atmósfera. Si a éso le sumamos que el avión también expulsa vapor de agua, tenemos la base para la formación de una nube alargada o estela.
No puedo dejar de coincidir con la la descripción que hace de un destino turístico “en baja temporada”, cuando visitarlo es sumergirse en una atmósfera abandonada y decadente. Como llegar a uno de esos pueblos del Lejano Oeste que pintaban las pelis de antes: nadie en las calles, las bolas de pasto arrastradas por el viento y la sensación de haber caído en el lugar equivocado y en mal momento.