Cuando nos enfrentamos con impotencia a los efectos de las catástrofes naturales, nos preguntamos: ¿qué puedo hacer ?

Si al dolor propio de ser testigos del dolor ajeno, de estar lejos para sanar heridas o confortar con palabras, le sumamos la rabia de saber la sinrazón del despotismo y la falta de libertad, algo se revuelve dentro nuestro buscando soluciones.

Frente al trágico caso de Birmania, asolada por la fuerza de la Naturaleza y por la necedad de sus gobernantes, tenemos algunos caminos para ayudar.

Nuestro tema, en Diario del Viajero, está relacionado casi siempre con la parte más gratificante del turismo: viajar, conocer, compartir cosas bellas, aprender, crecer. Pero el viajar, el turismo, es una potente industria y una herramienta de crecimiento económico y social.

Podemos usarla para aportar a la imperiosa necesidad futura de recomponer, de reedificar un país después de la tragedia. Todo aquel que visite Birmania estará haciendo más por los birmanos y su futuro que sus propios gobernantes, más preocupados por apropiarse de las ayudas internacionales que por ayudar a su gente (“olvido” que practican desde que se erigieron como autoridad).

Hay también pequeños gestos que, desde nuestro lugar, podemos hacer para protestar y difundir lo que allí pasa y sus necesidades.

Publiqué este post en Diario del Viajero en mayo del 2008 a raíz de una idea solidaria de Turismo 2.0 para ayudar a un país asolado por la Naturaleza y la corrupción de su gobierno.

Lamentablemente, hoy se merecería otra campaña como aquella. Así como otro país pobre y castigado: Haití.

No olvidemos que, con nuestra visita podemos colaborar a fortalecer la economía y el orgullo de un país. Siempre, siguiendo las ideas de un turismo responsable y solidario.

Compremos local, respaldemos a la economía de la comunidad que nos recibe y estaremos haciendo mucho más que muchos programas internacionales.

Si te interesa, puedes leer Para ser un turista responsable