RGuillermo y Victoriaecién leía el post que Antonio Cambronero le dedicaba al 5to. aniversario de uno de esos blogs que deben estar en todos los readers/RSS/listasTwitter y demás: La Brújula Verde.

Y comencé a escribir un comentario que termina siendo mi propio post-regalito para su autor: Guillermo Carvajal.

Nunca es tarde para levantar la copa (virtual) y mandar un beso (real) a mi amigo y colega Guillermo.

Hoy en día, poco ha cambiado de esa autopresentación que hacía Guillermo hace años. Sus hijos están más grandes, ya no es bibliotecario, pero sigue curioso, apasionado por la tecnología y por Grecia, poco extrovertido y poco hablador.

Sin embargo, el tiempo sólo abona lo gran persona que es, lo fácil que resulta trabajar con él, hablar, compartir, generar ideas y ponerlas en práctica.

Siempre dispuesto a escuchar, a la charla, a probar, a intentarlo, a seguir.

¿Seré parcial? Pues sí. Me puedo dar ese lujo porque quien lo conozca y rasque un poco esa reticencia asturiana a largar palabra, encontrará como yo, un amigo.

Nos conocimos en el lugar virtual de Diario del Viajero. El me guió en mis primeros pasos como blogger en serio, salvó mis innumerables dudas con editores y códigos HTML (y lo sigue haciendo). Como editor tiene una enorme colección de posts que siguen teniendo muchos lectores aún después de habernos dejado hace un tiempo.

Surgieron proyectos en común, mucho trabajo en conjunto, sintonía y aprendizaje mutuo. Una fácil relación que se mantuvo en el plano de la virtualidad hasta que finalmente nos desvirtualizamos en el 2008 bajo el calor andaluz para después compartir EBEs y el año pasado también el Internet Meeting Point.

Además, es el “padre” de este blog (o el medio culpable). Porque siempre me pinchó para que abriera mi propio espacio y finalmente, un día como cualquier otro, empecé.

Así que ya saben: a agregar entre las lecturas obligadas a La Brújula Verde donde se llenarán de viajes, ciencia, música y toda la actualidad tecnológica.

Felicidades, Guille. Por muchos años más.

Para leer: Guillermo Carvajal: viajero